En nuestra última y enriquecedora clase, tuvimos el privilegio de escuchar al arquitecto, quien compartió con nosotros su apasionante trayectoria educativa y su valiosa experiencia en el mundo de la arquitectura. Comenzó relatando sus primeros pasos en la Escuela de Londres, una institución que me dejó impresionado debido a su singular enfoque. Esta escuela no se encuentra en un campus tradicional, sino que está dispersa en varios lugares del centro de la ciudad. Lo que más llamó mi atención fue la capacidad de esta escuela para integrar sus salones y facultades de manera armoniosa con el contexto urbano, respetando la antigüedad de los edificios y adaptándolos a sus necesidades educativas.
Luego, el arquitecto nos llevó en un viaje a través del Instituto de Arquitectura de California, donde continuó su formación. Aquí, destacó la ubicación de la institución en un almacén, lo que fomentaba un constante y enriquecedor contacto tanto entre alumnos como con profesores. Esta interacción activa con múltiples mentes que razonan de diferentes maneras se convirtió en un elemento crucial para su crecimiento y aprendizaje.
La historia educativa del arquitecto culminó en Harvard, donde realizó una maestría que se centró en la recolección de datos a través del diseño y la construcción de espacios educativos. Lo más notable fue su compromiso con las comunidades marginadas, buscando mejorar su calidad de vida a través del diseño arquitectónico. Este enfoque ético y humano resonó profundamente con todos nosotros.
Además de su formación académica, el arquitecto abordó temas clave que afectan a la arquitectura y la planificación urbana, como el allanamiento de lugares. Explicó cómo las personas a veces se establecen en espacios que aparentemente están libres, pero que pueden no ser apropiados para uso habitacional, lo que complica la planificación urbana. Destacó la importancia de que el gobierno modifique estos planteamientos para evitar una ciudad sin uniformidad ni organización, donde espacios incompatibles coexisten de manera desordenada.
El avance tecnológico también fue un tema destacado de la charla. El arquitecto nos llevó atrás en el tiempo, recordando cómo hace décadas, la construcción de una iglesia como el Duomo requería miles de cortes de bloques realizados manualmente, con un alto porcentaje de error que, en ocasiones, costaba vidas. Las fábricas luchaban por participar en proyectos importantes y tenían que crear planos de taller precisos. Esta introducción histórica sirvió como un recordatorio de lo lejos que ha llegado la tecnología.
Luego, nos sumergió en la era actual de la arquitectura, donde una amplia variedad de herramientas tecnológicas, desde procesos sustractivos hasta la impresión 3D y los brazos robóticos, están al alcance de los arquitectos. Estas tecnologías pueden reducir la tasa de error casi a cero y mejorar significativamente la eficiencia del trabajo. Sin embargo, el arquitecto nos recordó que, a pesar de que estas herramientas parecen innovadoras, muchas de ellas, como los cortes CNC de precisión numérica, han estado en uso desde la década de 1970, inicialmente en la fabricación de automóviles.
En última instancia, la charla se centró en la importancia de aprovechar al máximo este conjunto diverso de herramientas disponibles en la arquitectura. El arquitecto nos alentó a incorporar la tecnología de manera creativa y efectiva en nuestro trabajo, reconociendo el potencial para mejorar la experiencia laboral y los resultados finales.
En resumen, la clase fue una experiencia educativa enriquecedora que abordó no solo la formación académica del arquitecto, sino también cuestiones éticas, desafíos urbanos y avances tecnológicos en el campo de la arquitectura. La historia compartida y los conocimientos transmitidos nos dejaron a todos inspirados y listos para enfrentar los desafíos y oportunidades que la arquitectura y el diseño urbano presentan en el mundo contemporáneo
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